
Historia del Caniche:
de perro de agua a aristócrata con peluquero
Hoy vemos un Caniche perfectamente peinado, caminando con esa expresión tan suya de quien parece saber algo que nosotros ignoramos, y resulta bastante fácil imaginar que la raza nació directamente sobre un cojín de terciopelo.
Pues no. La historia del Caniche empieza de una manera bastante menos elegante. Con agua. Mucha agua. Barro. Patos. Y trabajo.
Antes de convertirse en perro de compañía, estrella de exposiciones, artista de circo y cliente habitual de peluquerías caninas,
el Caniche fue un perro de agua utilizado para la caza, especialmente para recuperar aves acuáticas.
Sí. Ese Toy de dos kilos que hoy protesta porque el suelo está mojado tiene antepasados que se lanzaban al agua para recoger patos.
La evolución tiene sentido del humor.
Entonces… ¿el Caniche es francés o alemán?
Empecemos por una pregunta aparentemente sencilla.
¿De dónde viene el Caniche?
Y aquí empieza el problema.
Francia considera al Caniche una de sus razas emblemáticas y la Fédération Cynologique Internationale (FCI) reconoce oficialmente a Francia como país de origen de la raza.
En francés se llama Caniche.
Pero si cruzamos la frontera aparece otro nombre:
Pudel.
Y aquí los alemanes levantan discretamente una ceja.
La palabra alemana Pudel está relacionada con expresiones antiguas vinculadas a chapotear o moverse en el agua. De ahí procede también el inglés Poodle.
Es decir:
Francia se quedó con la nacionalidad.
Alemania dejó el nombre internacional.
Y el perro probablemente estaba demasiado ocupado buscando patos como para participar en la discusión.

¿Quién tiene razón?
Probablemente la pregunta esté mal planteada.
Las razas modernas, con estándares escritos, registros genealógicos y clubes oficiales, son relativamente recientes. Mucho antes de que alguien decidiera qué país podía poner su bandera junto al nombre «Caniche», en distintas zonas de Europa ya existían perros de agua de pelo abundante, rizado o lanoso utilizados para tareas similares. Por eso no debemos imaginar el nacimiento de la raza así:
«El 14 de mayo de 1632 nació el primer Caniche detrás de una granja francesa».
No ocurrió. El Caniche moderno fue formándose durante generaciones a partir de poblaciones de perros de trabajo que compartían características útiles. Y una de esas características era extraordinariamente importante.
Un abrigo que funciona dentro del agua
El pelo del Caniche no apareció para que, varios siglos después, pudiéramos hacerle un corte Teddy.
Aunque reconozcamos que ha resultado bastante conveniente. Su manto denso y rizado ofrecía protección frente al frío y al agua.
Para un perro que debía entrar repetidamente en lagos, ríos o zonas pantanosas, aquello tenía una utilidad evidente.
Pero también tenía un inconveniente. Muchísimo pelo mojado pesa.
Y aquí llegamos a uno de los capítulos más curiosos de la historia de la raza.
La extraña peluquería del cazador
Imaginemos un Caniche con un corte Continental.
Parte trasera rasurada. Pelo abundante alrededor del pecho.
Pompones en las patas.
Pelo alrededor de determinadas articulaciones.
Un pompón en la cola.
Visto hoy, uno podría pensar:
«Alguien se emocionó demasiado con unas tijeras».
Pero detrás de las antiguas formas de recortar a los perros de agua existía originalmente una idea práctica.
Se eliminaba pelo de zonas donde podía dificultar el movimiento y se conservaba en otras donde proporcionaba protección.
El objetivo no era conseguir diez puntos en una exposición. Era conseguir que el perro pudiera nadar y trabajar con mayor comodidad.
Con el paso del tiempo, aquella lógica funcional fue estilizada, exagerada y transformada por la moda hasta producir algunos de los cortes que hoy asociamos inmediatamente con el Caniche. Así que la próxima vez que alguien mire un Continental y diga:
—Qué cosa más artificial. Podemos responder:
—Sí… pero su bisabuelo conceptual perseguía patos.

¿Y los pompones protegían realmente las articulaciones?
Aquí conviene hacer una pequeña parada. Porque la historia del Caniche está llena de explicaciones que se repiten tantas veces en Internet que terminan pareciendo hechos demostrados. Una de las más conocidas afirma que se dejaba pelo específicamente alrededor de articulaciones y órganos importantes para protegerlos del frío mientras el resto del cuerpo se afeitaba para facilitar la natación. La explicación es perfectamente plausible.
Pero demostrar que cada elemento del corte moderno nació exactamente por esa razón es bastante más complicado.
Las formas de arreglo cambiaron durante siglos, y los cortes actuales son el resultado de una evolución en la que se mezclan función, tradición, estética y reglamentos de exposición. Por eso, cuando hablemos de historia en esta página, vamos a separar tres cosas:
lo que sabemos, lo que parece probable y lo que simplemente se ha repetido muchas veces.
Porque «lo he leído en 400 páginas web» no convierte automáticamente algo en un documento del siglo XVII.
Antes del Caniche había perros que se parecían sospechosamente a un Caniche
Mucho antes de existir el Caniche moderno ya encontramos representaciones de perros europeos con mantos lanosos o rizados asociados al agua y a la caza. Esto nos lleva a una familia histórica mucho más amplia: los perros de agua europeos.
El Barbet francés es probablemente el nombre que aparece con mayor frecuencia cuando se habla de los antecedentes del Caniche, aunque reconstruir relaciones exactas entre poblaciones caninas antiguas es mucho más difícil de lo que algunas genealogías de Internet hacen creer. También existieron —y existen— otros perros de agua europeos con características relacionadas.
No significa que podamos dibujar un árbol genealógico sencillo:
Perro A + perro B = Caniche. La historia de las razas antiguas rara vez funciona así.
Durante siglos los perros se seleccionaban fundamentalmente por una pregunta bastante sencilla:
«¿Sirve para el trabajo que necesito?» Si la respuesta era sí, criaba. El libro de orígenes podía esperar unos cuantos siglos.
El Caniche todavía no era un señorito
Y esto quizá sea lo más divertido cuando conocemos al Caniche actual.
Estamos hablando de un perro que hoy puede llevar un lazo perfectamente colocado, dormir bajo una manta, tener champú específico para su color, acondicionador, mascarilla, spray de volumen y probablemente una agenda de peluquería más organizada que la de su propietario. Pero detrás de todo eso existe un perro de trabajo.
Inteligente. Activo. Buen nadador. Capaz de aprender. Atento a las indicaciones humanas.
Y precisamente esas características que lo hicieron útil junto al agua iban a provocar el siguiente gran giro de su historia.
Porque alguien descubrió que aquel perro no sólo sabía recuperar aves. Aprendía casi cualquier cosa.
Y cuando los humanos descubren un animal inteligente, normalmente ocurre una de dos cosas:
le damos más trabajo… o lo subimos a un escenario. Con el Caniche hicimos ambas.
Del agua a los salones: cuando el Caniche descubrió que podía vivir bastante mejor
En algún momento de su historia, el Caniche empezó a abandonar progresivamente los terrenos de caza para entrar
en un mundo completamente diferente.
Las casas acomodadas. Las cortes. Los salones. La moda. Y Francia tuvo muchísimo que ver con esta transformación.
Su inteligencia, su aspecto llamativo y, sobre todo, un pelo que permitía hacer prácticamente cualquier cosa con él, convirtieron al Caniche en un candidato perfecto para transformarse en perro de compañía.
El antiguo trabajador acuático había descubierto una nueva profesión: ser espectacular.
Y resultó ser extraordinariamente bueno en ella. Pero todavía faltaba algo.
Había que hacerlo más pequeño. Mucho más pequeño.
Porque meter un gran perro de agua en un salón estaba bien.
Pero poder colocar uno pequeño sobre las rodillas era todavía mejor.
Y ahí empieza otra historia fascinante: cómo un perro de trabajo terminó
convirtiéndose en Miniatura y finalmente en Toy.
Del palacio al circo: el Caniche descubre el mundo del espectáculo
Convertirse en perro elegante tenía sus ventajas. Había menos barro.
Menos agua fría. Y, en general, bastantes menos patos.
A medida que el Caniche fue ganando popularidad como perro de compañía, especialmente en Francia y otros países europeos,
empezó a aparecer cada vez más cerca de las clases acomodadas. Y era fácil entender por qué. Tenía un aspecto diferente.
Su pelo podía arreglarse de mil maneras. Era atento, expresivo y extraordinariamente fácil de enseñar. Además poseía una cualidad especialmente peligrosa para cualquier perro que aspire a llevar una vida tranquila: le gustaba colaborar con las personas. El Caniche había salido del agua. Pero estaba a punto de descubrir que los humanos tenían nuevas ideas para él.

De perro útil a perro de moda
Durante los siglos XVII y XVIII, los perros pequeños de compañía se convirtieron en parte habitual de la vida aristocrática europea.
No todos eran Caniches, por supuesto. En pinturas de la época aparecen numerosas razas y tipos de perros pequeños.
Pero el Caniche tenía una ventaja que pocos podían ofrecer: era modificable. No genéticamente. Estéticamente.
Su manto crecía continuamente y podía recortarse, modelarse y adornarse de formas cada vez más elaboradas.
En una sociedad donde la ropa, las pelucas, los encajes y los peinados podían decir mucho sobre la posición social de una persona, disponer de un perro al que también se podía convertir en una pequeña obra de peluquería tenía cierto potencial.
Era cuestión de tiempo. El hombre llevaba peluca. La mujer llevaba un peinado de medio metro.
Y alguien miró al Caniche. El pobre no tenía ninguna posibilidad.
¿Era realmente el perro favorito de la corte francesa?
Aquí aparece otra frase que se repite muchísimo: «El Caniche era el perro favorito de la aristocracia francesa».
Hay algo de verdad detrás de esta idea, pero conviene no convertirla en una película de Disney.
Los Caniches y perros de aspecto similar aparecen asociados a ambientes acomodados y fueron muy populares en Francia. Sin embargo, las cortes europeas estaban llenas de perros de muchos tipos. Spaniels pequeños, Bichones, Carlino, pequeños perros falderos…
La aristocracia no firmó ningún decreto diciendo: «A partir del lunes todos tendremos Caniche». La popularidad fue creciendo.
Y Francia acabó desempeñando un papel enorme en el desarrollo moderno de la raza.
Tanto que, siglos después, la FCI reconocería oficialmente a Francia como su país de origen.
Pero mientras los ricos descubrían que el Caniche quedaba estupendamente en un salón, otras personas descubrieron algo todavía más interesante. Este perro podía aprender números.

Señoras y señores: con ustedes, el Caniche
Para comprender por qué el Caniche terminó asociado al circo y a los artistas ambulantes hay que olvidarse durante un momento de su pelo. Lo verdaderamente importante estaba debajo. El cerebro. Un perro capaz de trabajar con un cazador debía observar, esperar instrucciones, recordar tareas, controlar impulsos y colaborar a distancia.
Esas capacidades podían utilizarse para algo completamente diferente. Caminar sobre las patas traseras. Saltar. Girar.
Traer objetos concretos. Empujar pequeños carros. Representar escenas. Responder a señales casi imperceptibles.
Y, sobre todo, aprender secuencias largas de comportamientos.
Los artistas ambulantes europeos descubrieron que el Caniche era un compañero extraordinario.
Además tenía otra ventaja. Se veía desde lejos. Un perro rizado, recortado de manera llamativa y realizando ejercicios complejos atraía público. El antiguo cobrador de patos acababa de encontrar trabajo en el mundo del espectáculo.
El perro que parecía saber matemáticas
Los espectáculos con perros llegaron a ser sorprendentemente sofisticados.
Había animales que aparentemente contaban, reconocían letras,
elegían objetos o respondían preguntas.
¿Significa eso que había Caniches resolviendo ecuaciones? Por desgracia, no.
Habríamos resuelto muchos problemas de cría bastante antes
de descubrir los test genéticos.
Normalmente estos números se basaban en un entrenamiento e
xtraordinariamente preciso.
El perro aprendía a responder a señales humanas muy pequeñas:
movimientos corporales, cambios de postura, gestos o indicaciones
previamente entrenadas. Para el público parecía magia. Para el perro era trabajo.
Y para el adiestrador era la demostración perfecta de hasta dónde
podía llegar un animal con enorme capacidad de observación.
Munito: un Caniche que se convirtió en celebridad
A principios del siglo XIX encontramos uno de los nombres más curiosos
relacionados con esta tradición: Munito.
Munito fue un perro famoso por realizar demostraciones que parecían mostrar
capacidades casi humanas. Se le atribuían ejercicios relacionados con números,
cartas y respuestas a preguntas, y sus actuaciones despertaron enorme curiosidad. Naturalmente, el público discutía sobre cómo lo hacía.
¿Entendía realmente? Recibía señales? Había algún truco? La respuesta más probable no necesita poderes sobrenaturales.
Necesita algo que cualquier persona que haya convivido muchos años con Caniches reconocerá inmediatamente:
un perro mirando al humano con una atención casi incómoda. Porque un Caniche puede aprender nuestras señales.
Incluso las que no sabemos que estamos dando. Y eso convirtió a perros como Munito en estrellas.

El circo también ayudó a cambiar su aspecto
Aquí ocurre algo interesante. Un perro de espectáculo no tenía las mismas necesidades que un perro que trabajaba dentro del agua.
Ya no hacía falta conservar un arreglo exclusivamente práctico. Ahora el aspecto podía formar parte del número.
Se podía dejar pelo en determinadas zonas. Crear contrastes. Marcar siluetas. Añadir adornos.
Hacer que los movimientos de las patas resultaran más visibles. La peluquería empezaba a dejar de ser simplemente funcional.
Se estaba convirtiendo en espectáculo. Y esta transformación es importante para comprender el Caniche moderno.
La historia de sus cortes no puede explicarse únicamente diciendo: «Esto se hacía para proteger los riñones y esto para proteger las articulaciones». Eso explica parte de la tradición.
Después llegaron siglos de moda, exhibición, creatividad y selección estética. El cazador puso las tijeras sobre la mesa.
El artista las recogió. Y el peluquero todavía no las ha soltado.
Napoleón, guerras y un Caniche llamado Moustache
Y ahora entramos en una zona donde la historia y la leyenda empiezan a mezclarse peligrosamente.
Existe un Caniche famoso asociado a las guerras napoleónicas: Moustache.
Según numerosos relatos históricos posteriores, Moustache acompañó a soldados franceses, participó en campañas militares y llegó a ser conocido por su valor y fidelidad. Las versiones más espectaculares cuentan que alertó a soldados de un ataque, recuperó una bandera en combate e incluso recibió una especie de reconocimiento por sus acciones.
Suena maravilloso. Quizá demasiado maravilloso. El problema es que, como sucede con muchos perros célebres de épocas anteriores a la fotografía y a los registros modernos, la historia fue contada y recontada.
Y cada vez que una buena historia se cuenta durante cien años… el perro suele correr un poco más rápido, salvar a alguna persona adicional y regresar con una bandera más grande. Por eso Moustache merece aparecer en la historia del Caniche.
Pero con una etiqueta importante: Historia, tradición y leyenda
Sabemos que durante siglos los perros acompañaron a ejércitos y soldados desempeñando diferentes funciones.
También existen relatos antiguos sobre perros tipo Caniche asociados a campañas militares. Lo que resulta mucho más difícil es demostrar hoy cada detalle de las aventuras atribuidas a un perro concreto. Así que no necesitamos eliminar a Moustache de la historia.
Al contrario. Nos sirve para recordar algo importante: la historia de una raza también está formada por las historias que las personas decidieron conservar sobre ella. Aunque algunas hayan crecido un poquito por el camino.
¿Y cuándo apareció el pequeño?
Hasta ahora nuestro protagonista podía trabajar en el agua, acompañar a cazadores, vivir entre aristócratas, actuar ante el público e incluso aparecer en relatos militares. Pero todavía nos falta explicar algo bastante evidente. Miramos un Gran Caniche.
Luego miramos un Toy de 24 centímetros. Y surge una pregunta razonable: ¿qué ocurrió en medio?
Porque el Caniche Toy no apareció una mañana después de que dos Caniches grandes tuvieran una sorpresa genética de dos kilos.
La reducción de tamaño fue un proceso de selección.
Durante generaciones, las personas fueron criando ejemplares más pequeños para obtener perros especialmente adecuados para compañía y espectáculo. Y cuanto más cambiaba la función del perro, más posibilidades había de cambiar también su tamaño.
Para recuperar un pato en agua fría, cierto cuerpo y cierta fuerza resultaban útiles. Para sentarse sobre un cojín… las exigencias eran otras. Y así comienza uno de los capítulos más curiosos de nuestra historia: cómo conseguimos meter un perro de agua dentro de un bolso sin dejar de tener, en esencia, un Caniche.
De cazador a Toy: cómo encogimos al Caniche
Entonces, tenemos un pequeño problema. Tenemos un perro de agua. Nada bien.
Recupera aves. Es resistente, activo y suficientemente grande para trabajar
en condiciones bastante serias. Y unos siglos después tenemos esto: un Caniche Toy
de 23 centímetros que pesa poco más que un pollo. En algún momento ocurrió algo.
Y no, no fue de repente. Primero debemos olvidar las cuatro tallas actuales.
Hoy estamos acostumbrados a hablar de:
-
Caniche Grande
-
Caniche Mediano
-
Caniche Enano
-
Caniche Toy
Nos parece una clasificación tan natural que resulta fácil imaginar cuatro Caniches perfectamente ordenados por tamaño
desde la Edad Media. Grande. Mediano. Enano. Toy. Como muñecas rusas.
Pero las variedades modernas no aparecieron simultáneamente ni fueron definidas desde el principio con las medidas que utilizamos actualmente. Durante gran parte de la historia simplemente existían perros de tipo Caniche de diferentes tamaños,
seleccionados para distintas funciones y preferencias. La clasificación precisa llegó mucho después. Primero existió el perro.
Después llegaron los humanos con una cinta métrica. Como suele ocurrir.


¿Por qué hacerlo más pequeño?
Porque ya no todos los Caniches necesitaban hacer el mismo trabajo. Cuando una raza deja de seleccionarse exclusivamente para una función concreta, aparecen nuevas posibilidades. Un perro grande podía seguir siendo excelente para el agua.
Uno más pequeño podía resultar especialmente cómodo como compañero. También podía viajar con mayor facilidad, vivir dentro de una casa y participar en espectáculos. Y había otra razón importantísima: a la gente le gustaban los perros pequeños.
No necesitamos buscar siempre una explicación complicada. Los seres humanos llevamos siglos viendo una versión pequeña de algo y diciendo: —Ohhh. Y después intentando hacerla todavía más pequeña. Con los Caniches ocurrió exactamente eso.
Mediante selección de ejemplares de menor tamaño durante sucesivas generaciones fueron consolidándose poblaciones cada vez más pequeñas. No fue un Caniche que encogió. Fue selección.
¿El Caniche Enano se creó para buscar trufas?
Aquí aparece uno de nuestros primeros invitados.
🥁 EL MITO
«El Caniche Miniatura fue creado específicamente para buscar trufas».
Suena estupendamente.
Además tiene todos los ingredientes necesarios para triunfar en Internet:
Francia. Un perro elegante. Bosques. Trufas.
Sólo falta una copa de vino al lado.
¿Hay algo de verdad? Sí.
Los Caniches pequeños fueron utilizados para la búsqueda de trufas,
y no resulta nada extraño. El Caniche tiene buen olfato, inteligencia, facilidad de aprendizaje y muchas ganas de trabajar con una persona. Además, un perro relativamente ligero puede desplazarse cómodamente por el terreno sin destrozar aquello que está buscando. Perfecto. El problema aparece cuando pasamos de: «se utilizaron Caniches para buscar trufas» a:
«el Caniche Enano fue creado para buscar trufas». No es exactamente lo mismo.
La reducción del tamaño del Caniche estuvo relacionada con un proceso mucho más amplio de selección como perro de compañía, espectáculo y posteriormente como variedad diferenciada. Así que sí: un Caniche puede buscar trufas.
Pero probablemente no nació toda una talla porque un francés perdió una seta muy cara.

¿Y el Toy se creó para calentar las manos de las damas?
Bienvenidos a nuestro siguiente clásico.
🥁 EL MITO
«Los Caniches Toy fueron criados para que las damas aristocráticas los llevaran en las mangas y se calentaran las manos con ellos».
Esta historia es irresistible.
Una marquesa. Versalles. Un vestido enorme.
Y dentro de la manga: un Caniche.
Tenemos algunas preguntas.
¿Entraba por la manga o había que introducirlo desde el hombro?
¿Sacaba la cabeza?
¿Y si veía una ardilla?
¿Existía una criada especializada en retirar Caniches de las mangas?
Desgraciadamente, la documentación histórica no acompaña siempre
el entusiasmo con el que esta historia se reproduce.

Lo que sí sabemos
Los perros pequeños de compañía fueron enormemente apreciados por las clases acomodadas europeas.
Se llevaban en brazos, permanecían cerca de sus propietarios y algunos perros diminutos podían transportarse con facilidad.
También existen referencias históricas a pequeños perros falderos utilizados como compañía física cercana e incluso como fuente de calor.
Pero de ahí a afirmar que el Caniche Toy fue creado específicamente como calefacción portátil femenina hay un trecho bastante grande.
Es mucho más razonable entender su desarrollo dentro de una tendencia general hacia Caniches cada vez más pequeños destinados principalmente a compañía y espectáculo.
Aunque admitimos una cosa.
«Calefacción aristocrática portátil, modelo Caniche» habría sido una campaña publicitaria excelente.
¿Los perros pequeños servían para atraer pulgas?
Ah. Éste es todavía mejor.
Existe una familia entera de historias según las cuales los perros pequeños
de las damas aristocráticas se mantenían cerca del cuerpo para que las pulgas
prefirieran al perro y dejaran tranquila a la propietaria.
El concepto sería algo así como: repelente antiparasitario de cuatro patas.
¿Podía una pulga pasar de una persona a un animal?
Naturalmente. ¿Significa eso que Europa desarrolló razas miniatura como
dispositivos oficiales de captura de pulgas? No.
Y si alguien hubiera diseñado deliberadamente un Caniche de pelo abundante
para después localizar dentro de él una pulga… tenía un sentido del humor extraordinariamente oscuro. Otra vez encontramos el mismo problema histórico: una práctica posible o una anécdota termina convirtiéndose, después de repetirse muchas veces,
en «la razón por la que se creó la raza». No funciona así.

Entonces, ¿cuándo aparece realmente el Toy?
Aquí debemos distinguir entre dos cosas: la existencia de Caniches muy pequeños y el reconocimiento oficial
de una variedad llamada Toy. No son lo mismo.
Durante mucho tiempo podían existir ejemplares pequeños sin que hubiera una categoría cinológica internacional exactamente equivalente al Toy moderno. La cinofilia organizada cambió todo eso.
A finales del siglo XIX y durante el XX se desarrollaron clubes de raza, libros genealógicos y estándares cada vez más detallados.
Y entonces comenzó una actividad que los humanos adoramos: medir cosas. Altura. Proporciones. Cabeza. Cuerpo. Color.
Dentición. Y, naturalmente, el tamaño.
Aquella población continua de Caniches de distintas dimensiones empezó a dividirse formalmente en variedades.
El Caniche ya no podía limitarse a ser pequeño. Ahora tenía que demostrar exactamente cuánto de pequeño era.
El objetivo no era fabricar un perro en miniatura cualquiera
Reducir una raza parece sencillo. Elegimos los más pequeños. Los cruzamos. Volvemos a elegir los pequeños. Fin.
Excepto que no.
Porque si únicamente seleccionamos tamaño, podemos terminar obteniendo un perro pequeño que ya no conserva las proporciones, la estructura, el movimiento o el tipo de la raza original. El verdadero desafío era conseguir algo bastante más complicado:
un Caniche completo dentro de un cuerpo pequeño.
No una cabeza enorme sobre patas minúsculas. No un perro frágil con ojos desproporcionados. No «algo pequeñito y rizado».
Un Caniche. Ésa sigue siendo una de las ideas fundamentales del estándar moderno.
Las variedades pequeñas deben conservar, dentro de su escala, las características generales de la raza.
En otras palabras: el Toy no debería parecer una caricatura del Grande. Debería parecer que alguien utilizó Photoshop y pulsó:
Reducir al 35 %. Mantener proporciones.
Grande, Mediano, Enano… y finalmente Toy
Con el desarrollo de la cinofilia europea se fueron consolidando las diferentes variedades.
El Grande conservaba el tamaño más próximo al antiguo perro de trabajo.
El Mediano representaba una talla intermedia que durante mucho tiempo fue muy común
en Europa. El Enano llevaba la reducción bastante más lejos.
Y finalmente llegamos al Toy.
Hoy, según el estándar FCI, las cuatro variedades se separan por altura a la cruz:
Grande: más de 45 cm y hasta 60 cm, con una tolerancia adicional establecida por el estándar.
Mediano: más de 35 cm y hasta 45 cm.
Enano: más de 28 cm y hasta 35 cm.
Toy: más de 24 cm y hasta 28 cm, con una tolerancia de 1 cm por debajo.
Y aquí nuestra historia se vuelve especialmente interesante.
Porque actualmente miramos un Caniche de 25 centímetros y pensamos: Toy.
Pero durante siglos esa palabra no habría significado absolutamente nada para la persona
que tenía delante un pequeño perro rizado.
Las categorías son modernas. El perro es mucho más antiguo.

¿Y siempre intentamos hacerlo todavía más pequeño?
Por supuesto. Somos humanos. En cuanto conseguimos un Toy apareció inevitablemente alguien diciendo:
—Muy bonito. ¿Pero no podría ser más pequeño? Y así entramos en el maravilloso territorio comercial de palabras como:
Tiny Toy. Teacup. Micro Toy. Nombres muy atractivos. Sólo hay un pequeño detalle.
No son tallas reconocidas por la FCI
Dentro del estándar FCI no existe una variedad Teacup, Tiny Toy ni Micro Toy. Existe el Toy.
Un ejemplar puede naturalmente quedar por debajo del tamaño deseado, igual que dentro de cualquier población existen individuos más grandes y más pequeños. Pero ponerle un nombre comercial nuevo no crea automáticamente una quinta variedad.
Un Caniche de 20 centímetros no se transforma científicamente en: Caniche Toy Premium Pocket Edition.
Simplemente es un Caniche extremadamente pequeño. Y cuanto más perseguimos tamaños extremos, más importante resulta recordar que la selección no debería reducir únicamente centímetros. Tiene que conservar estructura, proporciones, dentición, movimiento, temperamento y salud. Porque tardamos siglos en conseguir meter aquel antiguo perro de agua dentro de un cuerpo diminuto.
Sería una pena que, después de todo ese trabajo, nos quedáramos únicamente con el tamaño.

Y aquí termina la historia… más o menos
Después de tantos siglos, el resultado es bastante curioso. Empezamos con un perro que entraba en el agua para recuperar aves.
Lo vimos abandonar poco a poco el trabajo exclusivamente cinegético. Entró en las casas. Después en los salones. Subió a los escenarios.
Aprendió trucos. Apareció en historias de soldados y guerras. Le cortamos el pelo. Luego se lo dejamos crecer.
Volvimos a cortárselo, pero esta vez de formas mucho más complicadas.
Lo hicimos grande, mediano, pequeño y finalmente tan pequeño que un pato adulto podría plantearse seriamente quién recupera a quién. Y, después de todo eso, seguimos teniendo un Caniche. Quizá ésa sea una de las cosas más extraordinarias de la raza.
Ha cambiado muchísimo de aspecto y de función sin perder aquello que probablemente hizo que los humanos se fijaran en él desde el principio: su extraordinaria capacidad para aprender y colaborar con nosotros. El cazador necesitaba un perro capaz de entender lo que quería. El artista necesitaba exactamente lo mismo. La dama que lo quería como compañero también. El expositor moderno también.
Y nosotros, varios siglos después, seguimos teniendo en casa un pequeño animal rizado que observa absolutamente todo lo que hacemos y aprende cosas que nadie recuerda haberle enseñado.
De los patos al sofá. Es difícil saber qué pensaría uno de aquellos antiguos perros de agua si pudiera conocer a sus descendientes actuales. Probablemente reconocería el pelo. Reconocería las ganas de trabajar. Reconocería esa atención constante hacia el humano.
Después vería el champú, el acondicionador, la mascarilla, el spray, el secador, las tijeras, las gomas, el peine de carbono y una mesa de grooming… y quizá decidiría volver al pantano. Aunque tampoco debemos engañarnos.
Le enseñaríamos el sofá. Y seguramente se quedaría.
Pero el Caniche no se quedó en Europa.
Aquí hemos seguido la historia de cómo nació y evolucionó la raza. Pero queda otra historia completamente diferente.
¿Qué ocurrió cuando el Caniche empezó a viajar? Cómo llegó a otros países? Dónde se hizo especialmente popular?
¿Cómo evolucionó su cría fuera de Francia y del resto de Europa? Y cómo terminó convirtiéndose en una de las razas más reconocibles del planeta? Eso ya merece su propio viaje.
Porque conseguir salir del agua, conquistar a la aristocracia, triunfar en el espectáculo y terminar convertido en Toy ya tiene mérito.
Conquistar el mundo entero fue el siguiente paso.